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Historia inspiradora: Laura de IKU Origami - Glimar

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Hola a todos!

En Glimar sabemos que los cambios en cualquier ámbito de la vida no son fáciles. Y menos los realmente transformadores. Es por eso que en algunas instancias el don de la paciencia puede ser nuestro mejor aliado. Porque ser paciente no tiene que ver con sentarse pasivamente a esperar que suceda algo por arte de magia, sino con saber aceptar los tiempos y duplicar nuestra energía para transitarlos sin caer en la ansiedad.

La historia de Laura tiene que ver con ese don. Y está contada como sólo una apasionada comunicadora puede hacerlo. Laura estudió Comunicación Social, incursionó por rubros tan diferentes como enriquecedores, hasta que finalmente el tiempo la llevó a encontrar en el origami la actividad perfecta para combinar la comunicación, el diseño, la producción de contenidos, la fotografía y la pasión por enseñar.

Actualmente Laura es la creadora de IKU Origami, un proyecto a través del cual ofrece talleres de origami para chicos y también trabaja con adultos mayores que residen en Instituciones de Tercer Nivel (geriátricos). Además, brinda otros servicios como la producción de piezas para ambientadores y el diseño y realización de ambientaciones propias.

Antes de emprender, recorrió varios caminos. Pasó por empresas pequeñas en el área comercial, en rubros tan dispares como la informática aplicada a la lechería y la mecánica automotor, trabajó varios años en un colegio y dió unos primeros pasos muy cortitos en el campo de la investigación académica.

Cuando le preguntamos dónde fue el cambio, Laura nos cuenta: “Bueno, el cambio vino en tiempos largos y la verdad no fue cambio sino más bien darle cabida a un par de convicciones que no sabía cómo encauzar. La primera, que quería aplicar lo que había estudiado en algo que hiciera un bien tanto a quien recibiera el trabajo como a mí misma. La carrera de Comunicación Social es muy rica, pero también es muy amplia. Y esa amplitud puede marear al momento de buscar el rumbo. La segunda convicción tenía que ver con la práctica docente. Sabía que me gustaba mucho dar clases y trabajar con chicos. Y finalmente, quería incorporar en mi labor esos hobbies que no lograban sumarse al trabajo cotidiano, entre ellos la fotografía y la producción de contenidos. Todo eso me acompañó en el pensamiento por años. En el medio me pasaron cosas, cuestiones personales que me hicieron replantear qué sentido quería darle a mi vida. Y entonces la posibilidad del giro, del cambio se convirtió en necesidad y de pronto en objetivo.”

Así fue como decidió dejar Buenos Aires (atrás quedaron las 24 hs. semanales en bondi) y volver a su ciudad. Eso significaba empezar casi de cero. Y los comienzos tienen eso de poder elegir para qué lado se quiere ir. Entonces Laura entendió que era el momento de optar. Y en ese momento de búsqueda llegó el famoso clic, en una situación que vale la pena leerla tal como nos la contó la protagonista: “Situación en el cole donde trabajaba. Chico muuuuy inquieto. Yo estaba atravesando la ansiedad del planeta porque había decidido dejar todo allá y volverme. Me puse a hacer barquitos de papel en los ratos libres para paliar la cuestión y aprovechar los pedazos de papel que quedaban por ahí (era fin de año, ya no se dictaban clases, solo exámenes). Lo sacan del aula y lo mandan a mi escritorio. Cuando me ve haciendo un barco me ofrece plegar una grulla. Le dije que iba a colgarla en el living de mi casa nueva. Feliz, plegó, creó y se concentró de una forma que no había visto antes. El “chico problema” era, de pronto, “chico emblema” de la concentración y el disfrute. Clic absoluto. Ahí me di cuenta que había mucho por hacer con el origami como herramienta. Se desplegaba un mundo por descubrir.”

Como siempre, en los cambios y en las decisiones ganamos y perdemos cosas. Cuando le preguntamos a Laura sobre ellas, no dijo: “Gané felicidad, sensación de utilidad en la labor diaria, convicción de que se puede aportar algo para que pequeños mundos se trasformen. Gané confianza en mí misma al darme cuenta que, con paciencia, se puede llegar a donde uno se proponga. Al mismo tiempo, perdí la tranquilidad que te da el sueldo fijo. La perdí pero también, con el tiempo, la transformé.”

Por último, Lau deja un mensaje para quienes están por comenzar el camino emprendedor: “A alguien que está por empezar le diría que si nos proponemos algo y creemos en lo que queremos lograr, sin dudas lo vamos a hacer. Pero que es muy importante recurrir a quien nos pueda ayudar a organizar las cuestiones desde el vamos. Es fundamental aprender desde el comienzo a regular y ordenar los esfuerzos en pos de alcanzar los resultados que esperamos. También le diría que escuche, que charle con otros y que comparta. Conocer a otros emprendedores es central para sentirse acompañado y aprender. En el camino hay errores, metidas de pata, alianzas felices, otras tal vez muy cortas pero de todas y de todo se aprende y se puede tomar algo positivo. Es cuestión de capitalizar la energía y ver que nos deja cada acción. Junto con eso, le diría también que sea fiel a su estilo. Muchos pueden hacer lo mismo pero cada cual tiene su manera y eso es valioso y se debe respetar para respetarse uno mismo. Y finalmente le diría que es importante ser paciente. La paciencia y la constancia son fundamentales para recorrer el proceso. Un proceso que si lo andamos con tranquilidad, disfrutando de cada logro, llega únicamente a una sola estación: la de ser felices con lo que hacemos.”

Gracias Laura por contarnos tu historia! Seguramente se convertirá en fuente de inspiración para futuros emprendedores!

Pueden pasar a ver el trabajo de IKU Origami por acá:

http://www.ikuorigami.com.ar/

ikuorigami@gmail.com