Nuestro rol laboral y la maternidad

¡Hola a todos!

Hoy queremos reflexionar sobre el famoso click que tienen tantas de nuestras historias inspiradoras protagonizadas por mujeres: el que viene con la maternidad.

Sabemos que nuestro trabajo es una parte importantísima de lo que somos. “Somos abogadas”, “somos gerentas”, “somos diseñadoras”. Muchas veces nuestro rol laboral nos define, pero cuando también “somos mamás” esa identidad se ve desdoblada. Y ahí es cuando surgen las preguntas: ¿hasta qué punto quiero resignar horas con mi bebé para ir a trabajar? Y en esta pregunta no se pone en juego nuestro apego como madres, sino el nivel de realización que nos ofrece nuestro trabajo actual. Y ahí es cuando hacemos el click.

Y es que, como decimos siempre, vivimos rodeados de gente que se queja de su trabajo y sigue muy arraigada la creencia de que trabajar implica de por sí cierta cuota de sacrificio. Es por eso que muchas veces es necesario un sacudón tal como traer un hijo al mundo para poner en crisis nuestra rutina, para darnos cuenta de que el trabajo tiene que ser algo que nos motive y que nos de satisfacción.

La buena noticia es que, aún con un bebé en brazos, existen miles de historias de mujeres valientes que juntaron fuerza para dar ese salto y empezar a construir su sueño.  La clave está en el manejo del tiempo, tanto externo como interno.

Manejar el tiempo externo nos va a ayudar a evaluar todas las posibilidades: existen muchas empresas que ofrecen jornadas más cortas, días de homeoffice, extensión de licencia y otras alternativas que pueden convertirse en espacios para empezar a delinear nuestro plan de acción a futuro. Conocer nuestra capacidad financiera también es fundamental para definir plazos: ¿cuáles son mis ahorros y cuántos meses podría cubrir con ellos? ¿cómo puedo poner a trabajar esos ahorros para mantener una entrada de dinero? ¿qué nivel de ingresos necesito si empiezo un trabajo por cuenta propia?

En relación al tiempo interno, es indispensable asimilar el cambio como un camino por recorrer. Dejar el lugar donde estamos para llegar al lugar donde queremos estar implica caminar. Y también implica tiempo. Cuanto más planificada tengamos esa etapa de transición, mejor manejaremos nuestra ansiedad y nuestra incertidumbre frente a lo que viene.

En definitiva el click no es borrón y cuenta nueva, no es un portazo, sino que es entender. Es el primer paso en el camino de conocernos a nosotras mismas, un recorrido que merece ser transitado más allá de todas las dudas y los miedos. Porque el destino es siempre positivo.

¡Hasta la próxima!