Ser pacientes

“El tiempo es oro” es una premisa que nos muestra cómo vivimos y que nos indica que no hay tiempo que perder. Pareciera que estamos programados para hacer y hacer, sin permitirnos parar. Esto nos hace vivir a un ritmo frenético, repitiendo la frase “no tengo tiempo para nada” casi a diario.

En el día a día nos vamos acostumbrando a correr, a convivir con fechas límites, a hablar o mandar mensajes mientras caminamos o manejamos, a resolver varias cosas a la vez, a tener todo “YA”. Por eso cuando nos encontramos frente a un proceso de cambio que implica frenar y meditar una decisión, aparecen la frustración y la ansiedad como resultado de esa vida frenética a la que estamos habituados.

Eso suele pasar frente a un proceso de cambio laboral: evaluar situaciones, analizar oportunidades, tomar decisiones necesariamente implica ser paciente, habilidad que la sociedad en la que vivimos suele descuidar un poco. Ser paciente no significa sentarse a esperar a que las cosas ocurran, sino activar y avanzar con la seguridad de que habrá un futuro, siempre que lo acompañemos con decisiones conscientes en el presente.

La paciencia nos permite ponernos en marcha, avanzar, y acompañar el proceso de cambio, ajustándonos al momento, y al ritmo que ese proceso necesita. Se trata de no pretender que sea de otra manera, sino de saber esperar y mantener la calma, para que las cosas ocurran en el momento propicio.

Fluir con un proceso de cambio significa hacer elecciones y aceptar renuncias, marcar un rumbo como quien marca en el mapa una dirección para caminar. Y empezar a caminar a un ritmo saludable, sin pretender llegar a destino de un día para el otro. No se trata quedarnos parados, sino caminar con calma y a paso firme.

¡Hasta la próxima!