Señales para frenar

La sobrecarga laboral es algo con lo que muchas lidiamos: porque llevamos adelante nuestro propio negocio, porque hacemos convivir nuestro proyecto y nuestro “trabajo formal”, porque además de trabajar queremos ser mamás, ser amigas, tías y esposas. A veces tiene que ver con la cantidad de horas trabajadas, otras con la presión y la intensidad con la que las vivimos, pero inevitablemente a esta altura del año empieza a sonar cada vez con más frecuencia la frase “estoy quemada”.

Lo peor de esta situación es que año tras año vivimos lo mismo y así parece que vamos adquiriendo cierta inmunidad a las señales de alarma. Esa contractura, esas noches mal dormidas, ese nudo en la panza, empiezan a formar parte de nuestra existencia como si fueran normales. Pareciera que el estrés es normal, que la vida es complicada, que todos tenemos problemas. Cada vez son más las personas que sufren con regularidad ataques de ansiedad y o bien no se dan cuenta o bien lo contemplan como algo que “nos pasa a todos”. No podemos permitir acostumbrarnos a vivir con una sensación de incomodidad como si no tuviéramos escapatoria.

Por eso el primer paso es siempre estar atentos a las señales de nuestro cuerpo. Las dolencias o enfermedades son más fáciles de identificar, pero hay otros indicadores menos graves, pero igual de molestos. El sueño y nuestro estado de ánimo son algunos de ellos.

Despertarse dolorida o más cansada que cuando te acostaste, rechinar los dientes, despertarse con la mandíbula dolorida, desvelarse en la mitad de la noche, son posibles señales de tensión. Pero dormir mal no sólo implica dormir poco: si al revés, te da por dormir mucho más de lo normal y no tenés ganas de salir de la cama, también es algo que podrías revisar. En definitiva, cuando aparecen perturbaciones del sueño, hay que estar atenta para ver de dónde vienen.

Nuestro estado de ánimo también es un indicador de estrés. La apatía, la tristeza, el desgano y la irritabilidad frecuente no son naturales. Por eso es importante observarnos, aprender a conocer nuestra actitud diaria, aceptarla e identificar cuando tenemos cambios de ánimo que pueden estar ocultando algo más.

Te propongo que puedas pensar: ¿Qué señales recibís cuando tu cuerpo o tu mente necesitan parar, descansar, resetearse? ¿Cómo evitas llegar al punto de estar quemada con tu trabajo diario? Como siempre, la clave está en evitar que la rutina nos pase por arriba sin tener tiempo para observarnos y sentirnos, en estar atentas a lo que nos pasa.

¡Hasta la próxima!

Claudina.