Cómo darle valor a nuestro trabajo

A principios de este mes participé del XIII Encuentro Latinoamericano de Diseño organizado por la Universidad de Palermo y formé parte de un panel en el que debatimos cómo ponerle valor a un trabajo de diseño. De esa charla surgieron algunas ideas que no sólo pueden aplicarse al campo del diseño, sino a cualquier servicio profesional que ofrezcamos. Hace muchos años trabajo con profesionales freelance y uno de los grandes dilemas que aparecen de manera recurrente es cuánto cobrar por el trabajo que ofrecemos: al principio nos da miedo pedir demasiado y no obtener el trabajo o cobrar demasiado poco y tener que trabajar doce horas diarias para llegar a fin de mes.

Para echar luz a la valoración que le damos a nuestro trabajo, hay dos grandes ramas que tenemos que evaluar de manera minuciosa: una externa, analizando cuánto vale nuestro trabajo en el mercado actual y una interna, que tiene que ver con identificar nuestras habilidades y ponerlas en valor. En esta segunda vamos a enfocarnos.

La palabra valor proviene del latin valere, que significa “ser fuerte”. Dentro de la familia de palabras que se desprende de este vocablo encontramos valiente, valeroso, validez. ¿A dónde quiero llegar con esto? A que muchas veces la subvaloración de nuestro trabajo está relacionada con nuestra propia autoestima, con no animarnos a darle la importancia que tiene lo que hacemos.

¿Cuántas veces minimizaste o restaste importancia a las acciones que realizas cuando relatas lo que haces en tu trabajo? Este hábito, muy común entre los profesionales independientes, es contraproducente: por miedo a sonar soberbios minimizamos lo que hacemos, desmerecemos nuestras habilidades y capacidades, nuestra experiencia y nuestros estudios. Volver a dimensionar, de manera justa y real, el esfuerzo que hay detrás de lo que hacemos es clave para empezar a entender cuánto cobrar. No sólo es un trabajo interno, sino que implica trasladar estas ideas a la comunicación: educar a nuestros futuros clientes sobre el compromiso que requiere nuestro trabajo también es importante para no subvalorar lo que hacemos.

Hay otro elemento que no tiene muy buena prensa pero que al momento de pensar en el valor de nuestro trabajo es clave: la expectativa que tenemos de nosotros mismos. Es importante preguntarnos cuánto queremos ganar por nuestro trabajo.  Sentir que no estamos obteniendo lo que buscábamos por lo que hacemos es frustrante, en cambio, adueñarnos de nuestra ambición nos motiva y nos enfoca. Y sobre todo, nos aleja del miedo, que nos hace procastinar y reduce nuestra confianza.

Por otro esto, ponerle valor a nuestro trabajo tiene que ver con la valentía. Este proceso implica un análisis objetivo de nuestras capacidades y nuestro diferencial como profesionales, implica ser fuertes, implica creérnosla más. El segundo paso es convertir esa ambición en un plan de trabajo: definir cantidad de horas diarias que nos gustaría trabajar, identificar qué tipo de clientes o proyectos nos gustan más  y a partir de esas definiciones, trasladar nuestro diferencial a la comunicación de nuestro proyecto para que todos lo conozcan.

¡Hasta la próxima!